La fotografía móvil ha cambiado muchísimo en pocos años, y casi sin hacer ruido. Detrás hay tres cosas: sensores más grandes, varias ópticas en el mismo móvil y, sobre todo, la fotografía computacional. Si hay un teléfono que resume ese camino, es el iPhone.
Sensores más grandes. En menos de un centímetro de grosor, la cámara principal de un iPhone Pro tiene hoy 48 MP y un sensor que hace unos años parecía imposible. Más luz significa menos ruido de noche y un desenfoque de fondo más natural cuando te acercas al sujeto.
Varias ópticas en el bolsillo. Un ultra gran angular que también hace de macro y un teleobjetivo de tetraprisma que, desde el iPhone 17 Pro, da 4x (100 mm) y 8x (200 mm) con calidad óptica. Es como llevar una mochila de objetivos encima.
La fotografía computacional. Si las lentes son los ojos, el procesador es el cerebro. Cada vez que disparas, el iPhone hace en realidad una ráfaga de fotos con distintas exposiciones y las fusiona: así recupera luces y sombras, saca detalle con poca luz y consigue fotos nocturnas nítidas a pulso. Además reconoce lo que fotografía (piel, cielo, ropa…) y lo trata por separado.
De dónde venimos
Nada de esto llegó de golpe. Estos son los saltos que, para mí, marcaron el camino. Empieza en el primero y avanza con las flechas o pulsando cada año:
De 2 megapíxeles sin enfoque a tres cámaras de 48 MP con diafragma, en menos de veinte años.
Por fuera, igual. Por dentro, no.
Lo nuevo del iPhone 18 Pro
Por fuera puede parecer que el iPhone 18 Pro no trae nada nuevo, pero por dentro sí. Llegan la apertura variable y los controles manuales, que prometen mucho pero traen letra pequeña.
La cámara principal de 48 MP estrena un diafragma físico de seis láminas con cuatro posiciones: ƒ/1,48, ƒ/1,8, ƒ/2,8 y ƒ/4. El sensor y las lentes, a efectos prácticos, son los mismos de los dos últimos años. Así que toda la novedad fotográfica está ahí: en el diafragma, en la nueva app de cámara con controles manuales y en los nuevos ajustes de los estilos. Y hay otra que, de momento, aquí no podremos usar: la «imagen de referencia», una captura firmada que sirve para demostrar que la foto es auténtica y que, al principio, no llega a la Unión Europea.
Siempre se dice que la mejor cámara es la que llevas encima, y la que siempre llevamos encima es el móvil. Hasta ahora, eso sí, el iPhone disparaba pensando por mí. Esta vez Apple me devuelve algunas decisiones. No todas.
Apertura variable. Por fin.
El diafragma: qué aporta de verdad
¿Y por qué ahora? Apple quería más luz y tenía dos caminos: un sensor más grande, que pide más espacio y lentes más gordas, o abrir más la lente. Eligió lo segundo y la llevó hasta ƒ/1,48. Pero quedarse siempre tan abierta tiene sus pegas, así que necesitaba poder cerrar. Y con el diafragma ya dentro, dejarnos elegir era el paso lógico: primero la luz, luego el control. Tampoco es la primera: Samsung, Xiaomi o Sony ya lo habían probado. Lo nuevo es cómo lo mete Apple en su cámara y en su procesado.
Abrir a ƒ/1,48 deja entrar algo más de medio paso de luz que el ƒ/1,8 de siempre, casi un 50 % más. Eso sirve para bajar ruido o acortar la exposición cuando cae la luz, y para desenfocar un poco más el fondo. Y mantiene los 48 MP, que era lo que más miedo me daba.
Pero no es gratis: a ƒ/1,48 la imagen es más blanda, sobre todo en las esquinas, y a mí ya me ha salido aberración cromática, esos bordes de color en los contrastes fuertes. La más nítida es ƒ/2,8. Y cerrar más tampoco es mejor: a ƒ/4 ya aparece la difracción, la luz se abre al pasar por un agujero tan pequeño y, con unos píxeles tan diminutos, la foto se ablanda. En un móvil, ƒ/4 ya es cerrar mucho.
Cerrar para ganar profundidad de campo suena muy bien, pero en un móvil casi nunca hace falta. Con un sensor tan pequeño, ir de ƒ/1,48 a ƒ/4 es, en profundidad de campo, como ir de ƒ/5,2 a ƒ/14 en una cámara full frame (en profundidad de campo, ojo, no en luz). El problema siempre ha sido el contrario, conseguir desenfoque. Donde sí le veo sentido es con objetos cercanos, cuando quieres que se vean enteros y nítidos. Para todo lo demás, lo dejo en automático.
Las estrellas de seis puntas
Las farolas y el sol empiezan a dibujar estrellas en cuanto cierras a ƒ/1,8, y a ƒ/4 salen con mucha fuerza, de seis puntas por las seis láminas. La pega es que a ƒ/4 aparece bastante aberración cromática alrededor. A mí me convence más la estrella discreta de ƒ/1,8 o ƒ/2,8.

Las láminas del diafragma, una a una. Son las que dibujan esas estrellas.¹
Los controles manuales, con letra pequeña
La app de cámara por fin trae controles de verdad, y dentro de la app de siempre, que es la que mejor procesa las fotos. Este es el resumen:
Apertura: los cuatro pasos, en manual o en automático. Sin pegas.
Velocidad de obturación: por fin, pero solo hasta 1 segundo. Nada de 2, 15 o 30 segundos ni modo bulb.
Balance de blancos: solo con ajustes predefinidos (soleado, sombra…) o automático. No se pueden elegir los grados Kelvin.
Enfoque manual: con focus peaking. Muy útil de noche.
Histograma: por fin.
ISO: ni se puede elegir ni se puede ver.

La app de cámara con los nuevos controles. A la izquierda, en uso: arriba llevo formato, enfoque, apertura (ƒ/1,48) y velocidad, con el histograma al lado. A la derecha, la barra en modo edición: es tuya, quitas con el «–» y añades los que quieras de todos los que hay en el panel.
Dos detalles de la app. Los controles se pueden poner en la barra de arriba o abrir desde el menú, así que no hace falta tenerlos todos a la vista. Y si quieres que la apertura que eliges se quede al volver a abrir la cámara, hay que activarlo en Ajustes → Cámara → Conservar ajustes → Apertura; si no, vuelve sola a automático. Y es primera generación, así que tiene sus cosas: en automático, al cambiar de apertura, el enfoque a veces duda un momento.
Lo del ISO tiene su explicación, y es el apilado del que hablaba al principio: el iPhone no hace una foto, hace varias con distintas exposiciones y las combina. Así consigue tan poco ruido con un sensor tan pequeño, y si fijas el ISO te lo cargas. De hecho, las apps de terceros que dejan fijarlo suelen sacar peor calidad justo por eso. Y ojo, que al elegir la velocidad a mano la foto también pierde parte de ese procesado y, con él, rango dinámico.
En foto lo entiendo. En vídeo no: ahí poder fijar el ISO sería lo lógico, y es lo que más echo en falta. Sobre todo porque el nuevo seguimiento de enfoque (tocas un sujeto y no lo suelta) solo funciona en la app nativa, y las apps de vídeo profesionales que sí dejan tocar el ISO no lo tienen. O una cosa o la otra. Eso sí, Final Cut Camera ya maneja la apertura variable. Y en vídeo el diafragma tiene otra ventaja: cerrando puedes mantener la velocidad en 1/50 a 25 fps, la regla de los 180° para que el movimiento se vea natural, aunque a pleno sol el filtro ND seguirá haciendo falta.
Ojo con los 12 megapíxeles
Hay dos automatismos que conviene tener controlados, porque bajan la foto de 48 a 12 MP casi sin avisar:
El modo noche: si cierras el diafragma con poca luz y la cámara necesita alrededor de 1/6 s, salta sola al modo noche. Solo lo notas por el icono y por el típico «procesando» al disparar.
El modo macro: al acercarte mucho cambia a otra cámara y también baja a 12 MP. Se puede desactivar en los ajustes.
Y ya que hablamos de megapíxeles: por defecto la foto sale a 24 MP, una mezcla que hace el iPhone entre una toma de 12 y otra de 48. Y el x2 no es otro objetivo, es un recorte del centro de la cámara principal. Usa más o menos una cuarta parte del sensor, así que cuando falta luz es el que más sufre.
De noche, en manual y en RAW
Aquí es donde más ganas le tengo. En modo noche, abrir a ƒ/1,48 ya ayuda a que no se coma tantas estrellas, que era el gran defecto de los últimos modelos. Pero lo bueno de verdad es disparar en manual: RAW a 48 MP, 1 segundo y ƒ/1,48, con mucho menos ruido y muchas más estrellas que en el modo noche.
La receta que quiero probar:
RAW (el procesado automático también se come estrellas).
Trípode, o el móvil bien apoyado.
Enfoque manual al infinito, ayudándote del focus peaking.
Velocidad a 1 segundo, el máximo que deja.
Apertura a ƒ/1,48.
Temporizador de 3 segundos, para no mover el móvil al disparar.
Balance de blancos en el más frío que haya y, al revelar, bajarlo a unos 3500 K.
Larga exposición sin filtro… a veces
Cerrar a ƒ/4 quita algo más de dos pasos de luz. Con poca luz, en un bosque cerrado o al atardecer, eso permite llegar a ese segundo de exposición y dejar el agua de un río como la seda sin filtro de densidad neutra. A pleno sol el filtro seguirá haciendo falta. Y la calidad no tiene nada que ver con la exposición larga de las Live Photos, que queda mucho más blanda.
Los estilos fotográficos
No es de la cámara en sí, pero me ha gustado mucho: los estilos fotográficos ganan dos controles nuevos.
Textura: tres acabados, cada uno con su intensidad: Soft Skin suaviza la piel, Glow cambia cómo se ven las luces altas y Film busca un aspecto de película, que en los contrastes fuertes llega a dibujar halos, como la halación de los carretes.
Grano: se activa o no, solo o con cualquier textura, pero no tiene control de cantidad: lo decide el iPhone según la foto.

Los nuevos controles de textura y grano en Fotos.
Siguen estando los estilos de siempre, y todo se ajusta antes de disparar. Es lo más parecido que ha tenido el iPhone a las simulaciones de película de Fujifilm. No son lo mismo, pero la idea es la que me gusta: decidir el aspecto de la foto antes de hacerla. Y si disparas en HEIF, puedes cambiar el estilo después, aunque la foto ya esté hecha. Me parece de lo más útil. En JPEG o RAW, en cambio, no se puede.
Y aquí también hay letra pequeña: textura y grano solo funcionan en fotos hechas con un iPhone 18 Pro o con el iPhone Duo. Al principio Apple dio a entender que llegarían con iOS 27 a modelos anteriores, y a los pocos días cambió la nota sin explicar por qué. Un iPhone anterior puede editarlos en una foto hecha con uno nuevo, pero no hacerlos.
Y como los estilos son solo el punto de partida, este es el resultado final de esa misma foto, después de pasar por Darkroom:

El resultado final, editado en Darkroom. Cómo llegar hasta aquí desde la foto original lo veremos en un próximo artículo.
Y un extra que trae Fotos: las nuevas herramientas Limpiar, Extender y Reencuadrar. Extender amplía la foto y se inventa lo que se quedó fuera del encuadre. Con esta misma foto ha añadido el muro y el camino de abajo, y cuesta notar dónde empieza lo inventado.


La misma foto, ampliada con Extender: el muro y el camino de abajo no estaban en la original.
Primera impresión
Que un móvil vuelva a hablar de diafragmas, y no solo de megapíxeles, me parece una buena noticia. Pero los controles se quedan a medias: velocidad hasta 1 segundo, balance de blancos sin Kelvin y nada de ISO. Para foto, si vienes de un iPhone 15 o posterior, sobre el papel el salto es pequeño; lo que más cambia es poder hacer fotos de noche en manual. Para vídeo, los dos pasos de luz que quitas al cerrar a ƒ/4 son una ayuda real para quien graba con filtro.
Aun así, y a falta de probarlo más, sobre todo en RAW, en las fotos sí se nota una mejora. Con el mismo sensor y las mismas lentes, es muy posible que parte de ese salto venga también de un procesado mejor.
El siguiente salto: una pulgada.
Lo que me gustaría ver: un sensor de una pulgada
El siguiente salto que espero no está en el diafragma, sino en el tamaño del sensor. La cámara principal del iPhone ronda la 1/1,28 pulgadas. Un sensor de 1 pulgada, el de muchas compactas buenas, tiene alrededor de un 50 % más de superficie.
Y no es ciencia ficción. Panasonic ya lo metió en un móvil, el Lumix CM1, en 2014. Xiaomi lo lleva desde el 12S Ultra de 2022, y Vivo y Oppo también lo usan en sus modelos Ultra. Hasta DJI mete un sensor de 1 pulgada en algo tan pequeño como la Osmo Pocket 3. Se puede hacer.
Lo que imagino que traería, y que conste que aquí ya es imaginar:
Menos procesado: con más luz de partida, el iPhone no tendría que apilar tanto, y las fotos se verían menos «de móvil».
Un desenfoque más natural: sobre todo en retrato, sin tener que tirar del modo Retrato.
Más margen en RAW: más rango dinámico para recuperar sombras y luces al revelar.
Menos dependencia del modo noche: fotos nocturnas a 48 MP sin que baje a 12.
También tiene su precio: un bloque de cámaras todavía más grande y un móvil más pesado. Supongo que por eso Apple ha preferido el equilibrio. Pero con el diafragma ya dentro, un sensor de 1 pulgada sería lo que acercaría de verdad el iPhone a una cámara.
¹ Fotos del desmontaje: iFixit.
Imagen de portada: Apple.






