La X100V llegó a mis manos en 2022, justo antes de un viaje a París. Sabía que me llevaba una buena cámara. Lo que no sabía es que estaba a punto de convertirse en la cámara de moda: agotada en las tiendas y más cara de segunda mano que nueva.
Hoy tengo también una X-H2, que saca más detalle, enfoca más rápido y tiene objetivos para todo. Pero la que sale conmigo casi siempre es la X100V. Cabe en el bolsillo de la chaqueta, y una cámara que se queda en casa no hace fotos.
Una historia que viene de lejos
La familia X100 no nació con TikTok. La primera X100 se presentó en 2010 y fue una rareza: una compacta con sensor grande (APS-C), un objetivo fijo de 23 mm f/2 y un visor híbrido, óptico y electrónico a la vez, metido en un cuerpo que parecía una cámara telemétrica de película de los años 70.
Desde entonces Fujifilm ha ido puliendo la misma idea sin cambiarla: la X100S (2013), la X100T (2014), la X100F (2017) y la X100V (2020), con un objetivo nuevo mucho más nítido, pantalla abatible y 26 MP. Cada generación mejor que la anterior, pero siempre con un solo objetivo, diales físicos y el mismo espíritu.
Y de repente, una locura
Hacia 2022, TikTok e Instagram se llenaron de vídeos con la X100V colgada del hombro: viajes, calle, tonos cálidos y ese aire nostálgico. Pasó de ser una cámara de aficionados a un objeto de deseo. Se agotó durante meses y en segunda mano llegó a venderse por más de lo que costaba nueva.
Con la X100VI, en 2024, la cosa fue a más: 40 MP, estabilizador en el cuerpo y listas de espera larguísimas. Aun así, la X100V mantiene un aura difícil de explicar a quien no ha tenido una en la mano.
¿Es solo una moda? Para mí no. Tras casi cuatro años con ella en la mochila, lo que la hace especial no se ve en un vídeo de quince segundos: se nota al usarla.
Te obliga a moverte
Tiene un 23 mm f/2 fijo, que equivale a un 35 mm de toda la vida. Sin zoom y sin objetivos que cambiar, desaparece la duda de qué lente usar. Al principio lo echas de menos. Con el tiempo te das cuenta de que moverte hace mejores fotos que girar un anillo: te acercas, te agachas, das dos pasos atrás. Ya no esperas a que la foto venga a ti; eres tú el que va a buscarla. Y poco a poco el ojo se acostumbra a ver el mundo con ese encuadre.

El Fujinon de 23 mm f/2, fijo: el equivalente a un 35 mm de toda la vida.
Diales en lugar de menús
La apertura se cambia en el anillo del objetivo; la velocidad y el ISO, en las ruedas metálicas de arriba; y la compensación de exposición, en otra rueda al lado. Sin entrar en menús. Con un vistazo a la cámara, incluso apagada, sabes cómo está configurada.

El anillo de diafragmas, de f/2 a f/16: la apertura se cambia con los dedos.
Parece un detalle, pero cambia la forma de hacer fotos. Usas las manos como con una cámara de carrete, vas más despacio, piensas cada disparo y disfrutas del camino, algo que la fotografía de hoy, con ráfagas y pantallas, se olvida a menudo.
Los detalles que la hacen única
El visor híbrido: en modo óptico no miras una pantalla, miras la calle tal cual, con un recuadro luminoso que marca el encuadre, como en las Leica de toda la vida. Ves incluso lo que está a punto de entrar en la foto. Y con un gesto pasas al electrónico para ver la foto tal como va a salir.
Pasa desapercibida: es pequeña y su obturador central es casi silencioso. No intimida, la gente no se siente observada y nadie se gira cuando disparas. En la calle, eso lo cambia todo.
Ligera: colgada del cuello se siente más como un accesorio que como una herramienta de trabajo. Por eso sale conmigo a todas partes.
El filtro ND integrado: resta 4 pasos de luz con un botón, para abrir a f/2 a pleno sol o alargar la exposición sin llevar filtros.

El visor híbrido. En modo óptico miras la calle tal cual, no una pantalla.
La única que viaja conmigo
Desde aquel viaje a París es la cámara que me llevo a todos los viajes. La única.
Una sola cámara y un solo objetivo: no hay que pensar qué meter en la mochila ni cambiar nada por el camino. Me permite viajar ligero, disfrutar del viaje y estar presente, en vez de ir pendiente del equipo.
Las recetas: la foto sale hecha de la cámara
Si los diales conquistan las manos, las recetas conquistaron internet, y a mí también. Fujifilm lleva décadas haciendo carretes, y eso se nota en sus simulaciones de película: Classic Chrome, Classic Negative, Acros… Una receta es una combinación de ajustes (simulación, rango dinámico, luces, sombras, color, grano, balance de blancos…) que guardas en la cámara para que el JPEG salga ya con un aspecto concreto. Sin editar nada.
El resultado son colores con alma de carrete: tonos de piel cálidos, contrastes suaves, grano y ese aire de las películas de Kodak o de Fuji de siempre. Es la nostalgia del carrete sin pagar el revelado.
Yo disparo siempre en RAW + JPEG. El JPEG con la receta es el que uso casi siempre, y el RAW lo guardo por si alguna foto merece revelarla con calma o algo no ha salido como esperaba. Pero cada vez recurro menos a él. La satisfacción es inmediata: disparas, y la foto ya está como la querías.
Y como apenas editas, las fotos se quedan como fueron: la luz de ese momento, el ambiente, el grano. Es la estética de la imperfección perfecta, donde importa más lo que cuenta la foto que la nitidez de cada píxel.
Mis recetas
Si tuviera que quedarme con una, sería Classic Chrome, que siempre va conmigo en la primera posición. Pero no es la única: llevo varias más y voy cambiando según la luz. Aquí tienes las que más uso y una más que me parece de las más interesantes del momento. Pasa de una a otra con las pestañas o las flechas:
El blanco y negro es mi asignatura pendiente. Me gusta mucho, sobre todo el look que consiguen las Leica, y sigo buscando la receta que me convenza del todo. Siempre se puede pasar una foto a blanco y negro después, pero no es lo mismo: cuando la ves ya en blanco y negro en el visor, te fijas en otras cosas, en la luz, las sombras y los contrastes, y la foto que haces es otra. Es lo que repiten siempre los que más saben de esto.
Por eso, además de Dark Matter, llevo cargada una receta que busca ese look Leica (Leica Monochrom) y dos de Reggie: una Superia con más grano y carácter (Reggie’s Superia) y una Portra cálida y versátil, que vale para casi cualquier situación (Reggie’s Portra). En la X-H2 uso además Pumpkin Soup (de Ross) para los días grises, pero en la X100V no se puede: usa la simulación Nostalgic Neg, que solo tienen los sensores X-Trans V.
Apps para encontrar recetas
Hoy hay un montón de recetas compartidas por otros fotógrafos, y varias apps para encontrarlas y probarlas:
Fuji X Weekly: la de referencia, de Ritchie Roesch. Gratis, con cientos de recetas y fotos de ejemplo de cada una, y una sección para descubrirlas por el aspecto de las fotos. Desde este verano también deja enviar una receta a la cámara por USB-C (con la suscripción, varias a la vez). Eso sí, el propio autor avisa de que es una función experimental y de que conectar la cámara a una app no oficial puede afectar a la garantía.
Fuji Recipes: más de comunidad. Recetas compartidas por usuarios, favoritos y, conectando la cámara por USB-C, leer lo que tienes guardado en C1–C7 y mandarle recetas nuevas.
FujiStyle: la que más recetas tiene, más de mil, ordenadas por valoración y con todos los ajustes para copiarlos a mano en la cámara. También añade marcos a las fotos.
Community for Fuji: la más nueva y, para mí, la más completa. Tiene catálogo y comunidad, pero lo mejor es todo lo que hace con la cámara conectada por USB: instala recetas en C1–C7, lee las que ya tienes y deja ver las fotos de la tarjeta. Además puede leer una receta a partir de una captura o una foto de una revista, y solo te enseña las que tu sensor puede hacer. Gratis y sin cuenta para usarla.
Mi propia app de recetas
Como al final acabas con recetas de aquí y de allá, me hice una pequeña app para tenerlas todas juntas: cada receta con su ficha completa, filtros por color, blanco y negro, cálidas, oscuras o por sensor (X-Trans IV o V), y opción de exportarlas o imprimirlas. Así sé qué llevo cargado en cada posición de la cámara.



Lo que llevo con mi X100V
01 · JJCDisparador rojoIndispensable. Lo llevo en todas mis Fuji: me gusta el rojo con el negro.Ver en Amazon ↗
02 · VKOTapa de zapataLa X roja de arriba. Protege los contactos del flash y le da el toque.Ver en Amazon ↗
03 · HaogeParasol cuadradoMás por el look que por la luz. Con el anillo de 49 mm puedo ponerle los filtros.Ver en Amazon ↗
04 · NiSiFiltro Allure SoftUn simple filtro UV que, además, deja la cámara completamente sellada.Ver en Amazon ↗
05 · K&F ConceptFiltro Black Diffusion 1/8Un punto de difusión para que las luces brillen como en el cine.Ver en Amazon ↗
06 · ViltroxConversor WCL-X100 VIPara todas las veces que necesito que entre más en la foto. En arquitectura, por ejemplo.Ver en Amazon ↗
07 · GodoxFlash iT30 ProPara esos momentos interesantes con poca luz: de noche, o incluso a plena luz del día.Ver en Amazon ↗
08 · K&F ConceptBaterías NP-W126Además de las originales, llevo estas para viajar: se cargan con el mismo cable USB-C que todo lo demás.Ver en Amazon ↗
09 · PGYTECHCorrea de muñecaA veces la cambio por una de cuello, pero esta me parece la opción más cómoda.Ver en Amazon ↗
La cámara que más me apetece llevar encima
Es una cámara que se lleva sin pensarlo: va colgada del hombro sin estorbar y, cuando aparece algo, está lista en un segundo. Puedo tenerla encima horas sin sentir que he «salido a hacer fotos».
Además, pone muy pocas cosas entre la escena y yo. No pienso qué objetivo montar ni qué focal elegir: la cojo, miro y disparo. Por eso hago muchas más fotos con ella.
La serie X100 de Fujifilm no se convirtió en un mito por salir bonita en un vídeo. Se convirtió en un mito porque hace que te apetezca salir a la calle a hacer fotos. Y eso no te lo da otra cámara, aunque tenga mejores prestaciones.
En resumen: es una cámara que me divierte.
